diumenge, 21 d’abril de 2019

Bosque en otoño

 

Bosque en otoño

 

A mediados de octubre los bosques de roble y pino de la Comarca son sombríos, húmedos y fríos, tal y como debe ser en otoño. La tranquilidad, el sosiego y, por qué no, la ilusión (incluso la certeza) de que recibiré más de lo que aporte,  acompañan siempre los pasos que cada día me llevan por las sendas que humanos y animales hemos ido abriendo, entre árboles y matorrales, a lo largo del tiempo. El suelo húmedo de la madrugada hace que mi andar resulte silencioso, sin romper la armonía y serenidad que desprende el bosque.

Voy vagando sin rumbo establecido ni meta definida, atento a todo aquello que el entorno me pueda ofrecer. El brezo, el madroño, los bojes o los helechos, con sus diversas tonalidades de verde acogen mi deambular y, junto con los diversos cantos de verderones, mirlos o petirrojos, me ayudan a sentirme como un elemento más de la naturaleza que me rodea.

 

Bosque en otoño;

las rocas recubiertas

por musgo y líquenes

 

Siempre voy al bosque acompañado por mi bastón, mi navaja y una bolsa en el bolsillo. Sé que a lo largo de la mañana, en un momento u otro, me acercaré a algún rincón conocido para dar una ojeada, a ver si ya aparecen los primeros níscalos o las mocosas negras. Son algunos de los frutos que nos ofrece el entorno, sin más condición que el respeto mutuo, y siempre obtengo recompensa de estos paseos, sea en forma de setas, sea por la serenidad que transmite el entorno o por los colores y olores con que el otoño me acoge. Y ahí están…

 

Nubes de lluvia.

recorto cuatro níscalos

con la navaja

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